¿El aikido es violento?

 

Es fácil encontrarse con opiniones que pretenden dar un carácter religioso, e incluso mesiánico, al aikido, presentándolo como una especie de cóctel newage-místico en el cual está prohibido causar cualquier perjuicio al agresor, y en el que preservar a toda costa la integridad física y emocional del adversario es una prioridad irrenunciable.

 

Esto probablemente venga derivado de problemas de traducción a los idiomas occidentales de las palabras de Morihei Ueshiba (palabras que, en cualquier caso, no dejan de ser opiniones particulares de un individuo, por muy relevante que sea, y nunca debieran tomarse como “dogmas de fe”), traducciones que han puesto en boca de Morihei Ueshiba expresiones como “el aikido es el arte marcial del amor” y similares.

 

Desde el punto de vista de quien escribe este artículo el aikido, siendo como es un arte marcial, debe quedar al margen de cualquier apreciación de tipo “moral”, ya que estas siempre serán subjetivas y variables en función de la idiosincrasia propia de cada aikidoka.

 

Lo que si que es cierto es que el aikidoka puede decidir (siempre en base a su nivel de destreza y contexto en el cuál se encuentre) finalizar las situaciones de conflicto en las que pueda llegar a encontrarse con un grado u otro de contundencia, a diferencia de otras disciplinas marciales en las que el nivel de contundencia difícilmente podrá graduarse sin que ello implique pérdida de eficacia, y es él quien decide a título individual, y sin que su proceder represente para nada a nadie excepto a él mismo, hasta dónde quiere llegar (o no llegar).

 

Esto no quiere decir de ningún modo que el aikidoka sea “todopoderoso” y tenga un control total y absoluto del entorno en el cuál se encuentre. De hecho, podría llegar a afirmarse que existe una relación inversamente proporcional entre el nivel técnico del aikidoka y la cantidad de “contundencia” a aplicar para poder garantizar la resolución del conflicto de una manera asumible para el aikidoka.

 

No es lo mismo tener que reducir a un agresor desarmado que a tres agresores armados, por poner ejemplos claros. Si el aikidoka tiene un nivel excelso de maestría podría (siempre que lo considere oportuno) llegar a reducir a los tres agresores armados sin lastimarlos sin que ello suponga un riesgo para él, pero si es un experto de nivel medio, la única opción en un contexto como ese es la finalización más o menos definitiva, y entendiendo como definitiva el que el agresor no pueda hacer absolutamente nada después de recibir la técnica (con todo lo que ello implica), de cómo mínimo dos de los tres atacantes. Si es un principiante (y no hay que olvidar que la definición de cinturón negro 1r dan, es precisamente esa, “principiante”, y que la de cinturón negro 2º dan, es la de alguien que “comienza” a enterarse de algo ), lo más prudente para el aikidoka es ser lo más expeditivo posible en caso de tener la desgracia de tener que utilizar sus conocimientos.

 

Y el objetivo del aikido como arte marcial es dar una herramienta al aikidoka que le ayude a repeler cualquier agresión, sea esta del tipo que sea.

 

Una vez explicado esto, podemos comenzar a hablar de si el aikido es “violento”. Todo depende de que entendamos por violencia. Y podríamos simplificar con dos de las acepciones más comunes del término violencia:

 

a) Si entendemos por violencia el agredir a alguien, obviamente el aikido, partiendo de la base de que para poder aplicarse requiere de una agresión al aikidoka, no es “violento”. Sin agresión al aikidoka, no puede existir el aikido.

 

b) Si entendemos por violencia que alguna de las partes del conflicto pueda acabar en una situación una vez acabado el mismo que no sea precisamente la que más le convenga (cosa normal, ya que el agresor raramente estará dispuesto a asumir que sus acciones puedan tener un precio), el aikido sin ninguna duda, y como cualquier otro arte marcial, es violento, De hecho, si utilizamos esta segunda definición del término violencia, es o el más violento o uno de los más violentos que existen, ya que potencialmente puede continuar siendo aplicado igual que en los tiempos antiguos, es decir, como arma de guerra, a diferencia de otros sistemas que tienen su origen en competiciones de lucha, o en sistemas de defensa personal de ámbito doméstico.

 

El aikido nos permite resolver agresiones del modo más proporcional posible, y el nivel de esta “proporcionalidad” siempre irá vinculado a lo que realmente pueda hacer el aikidoka en cuestión, y también vinculado a la naturaleza de la agresión realizada por el agresor que es, en definitiva, el responsable de todo lo que le ocurra desde el momento en que decide agredir a otro. El aikidoka se limita a devolver, a efectos dinámicos, lo que recibe, con lo que, en un caso extremo, es el agresor quien se autodestruye y el responsable “moral” de todo aquello que pueda sucederle y toda aquella violencia que pueda haber en cada situación en concreto.

 

 

G.C. - Mataró, 2017

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